Carmen Castillo Fernández
Coras Forum Pedagógico
Confianza contra el aburrimiento en secundaria.
El aburrimiento en la escuela crece con los años. A pesar de que hay niños en primaria que también se aburren, ese tedio insoportable, ese desencuadernarse encima de la mesa, esas horas de sesteo cósmico son como el pan de cada día en secundaria. Frente al alumno de secundaria que se ha adentrado en las brumas de la abulia intelectual, la aventura del saber, la emoción del aprendizaje, el descubrimiento de nuevos mundos intelectuales se convierten en eslóganes huecos de los libros de pedagogía.
Muchas veces el aburrimiento es una sensación pasajera, una emoción negativa, pero natural, que todos tenemos de vez en cuando. En estos casos, el aburrimiento puede fomentar la creatividad, la resolución de problemas, la resiliencia ante las dificultades, la participación. Pero otras veces el aburrimiento es un síntoma de problemas más profundos, que requieren escuchar al alumno y atender sus preocupaciones para que el chico o la chica encuentren un espacio de protección en el colegio. Los departamentos de orientación están preparados para esta tarea, pero el trabajo que en este campo pueden hacer los tutores y profesores es insustituible.
También hay que diferenciar entre los alumnos que se aburren en una asignatura y los que se aburren en el colegio en general. Éstos últimos son candidatos firmes a sufrir mayor grado de insatisfacción en sus vidas, menor sentido de pertenencia al colegio y disminución progresiva del grado de confianza en sí mismos. Si estos tres ingredientes entran a formar parte del estado emocional de un chico en el colegio, lo normal es que el fracaso educativo esté asegurado.
A veces, los padres y profesores tendemos a quitar hierro al problema: “bueno, lo normal es que los chicos se aburran, siempre ha pasado”. Pero también sucede que tendemos a negar la situación: “¡Cómo te puedes aburrir con las cosas tan estupendas que aprendes!”. “¡Es imposible que te aburras en biología; no dices que quieres ser médico!”. Negar o esconder el problema en ningún caso ayuda a encontrar una solución que vaya en beneficio del alumno.
En un estudio reciente realizado por el académico Michael Furlong, este investiga lo que un alumno quiere decir cuando afirma que se aburre en clase. Se puede referir a una de estas cuestiones: dificultades con la materia, exigencia que está por encima de sus posibilidades, interés limitado en la asignatura, desajuste entre las capacidades del alumno y las habilidades necesarias para superar las tareas, percepción baja del valor de lo que se enseña, desconexión, insatisfacción, impotencia, tristeza, depresión, ansiedad, apatía.
Vemos que los casos de aburrimiento pueden ser tan diferentes y complejos que lo que se requiere, sin lugar a dudas, es una atención individualizada y la búsqueda por todos los medios de puntos de enganche para que el alumno pueda volver a sentir su pertenencia al colegio y llegar al convencimiento de que se encuentra en un lugar donde va a poder tratar y ser tratado con confianza.










