Carmen Castillo Fernández
Según un estudio publicado en 2023 por la revista norteamericana Jounal of Adolescence Research, calma, claridad y cariño son las tres características que los adolescentes demandan en sus profesores. Añade la publicación que no solo son importantes para los alumnos, sino que también suponen una garantía para que el profesor se sienta bien con el difícil trabajo que realiza diariamente.
Estamos viviendo tiempos muy difíciles para la actividad docente. Los profesores deben atender no solamente al aprendizaje de los contenidos académicos sino que además tienen que ocuparse del bienestar social y emocional de los alumnos. La pandemia y las crisis sociales y políticas que han venido después han tenido gran influencia en el comportamiento de los alumnos en el colegio y en la forma de actuar de los propios profesores. Muchos maestros se quejan de la dificultad para mantener en las clases el clima que haga posible el aprendizaje y, a la vez, sienten que no están ayudando a los alumnos en las nuevas necesidades educativas.

Calma: se refiere a la habilidad para permanecer tranquilo y controlar, de manera habitual, el estrés que conlleva la profesión de maestro. Si el profesor no es capaz de mantener la calma, la situación se hace muy complicada para los alumnos, más propensos, por la edad, a no saber regular las emociones. Para los alumnos, un profesor que mantiene la calma es aquel que es capaz de controlar sus comportamientos y que extiende la misma atmósfera a sus clases. Los estudiantes dicen “que hace las cosas sin gritar”, “se toma tiempo para explicar”, “logra un ambiente tranquilo para trabajar”. Otros comentarios dicen que “es paciente cuando alguien no entiende”, “no grita”, “te ayuda a estar tranquilo”.
Claridad: Se insiste en la importancia de escuchar y mantener una comunicación clara y sincera con los alumnos. Las cualidades que destacan los estudiantes son las de que, “explica bien”, “escucha tus opiniones”, “se da cuenta de lo que te pasa”, “gestiona bien las clases”, “resuelve los problemas desde el principio, antes de que crezcan”. Otras expresiones aluden a que “habla a los alumnos con confianza”, “escucha cuando hablas”, “tiene una mentalidad abierta”. Todo esto remite a la necesidad universal de los adolescentes de ser escuchados.
Cariño: esto va más allá de ser o parecer simpático. Significa no prejuzgar, ser educado, cultivar la confianza y el respeto y atender a las necesidades de los alumnos. Los estudiantes lo explican de diversas maneras, desde “te da los buenos días por la mañana”, hasta expresiones más profundas donde aparecen “empatía”, “compasión” y “confianza”, “comprende como te sientes”, “te ayuda cuando tienes problemas”, “nota cuando estás triste”. Hablan también de “servicialidad” como signo de un profesor que se ocupa, “me ayuda cuando no entiendo”, “puedo contar con él en cualquier momento”.

No es fácil para un profesor ser siempre tranquilo, claro y cariñoso, y más cuando él mismo está estresado o agobiado por el trabajo. El estudio recomienda ejercicios regulares de interioridad y mindfulness para tomar conciencia de los propios componentes emocionales y de los comportamientos de los adolescentes, a los que es conveniente acercarse con más con curiosidad y menos prejuicios. Hay algunas tareas previas:
- Hablar con los alumnos, también en conversaciones informales. Preguntarles directamente qué necesitan del profesor y del colegio. Se puede aprender mucho escuchando la voz de los alumnos.
- Saber que el profesor tiene todas las herramientas para hacer un buen trabajo. Los alumnos no necesitan metodologías complicadas y tampoco son capaces de identificarlas. Ellos dicen que necesitan profesores que estén presentes, que sean cálidos, cariñosos, útiles y que les escuchen. Esto es previo a cualquier metodología y consigue invariablemente resultados espectaculares.
- Atender al propio bienestar emocional. Sentirse bien con uno mismo como condición previa para el ejercicio de la actividad docente.
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