Del 30 de junio al 11 de julio de 2025
El Camino, como las experiencias de verano, son como la guinda del pastel del curso, un momento inmejorable para compartir con los alumnos, disfrutar con ellos de una experiencia donde se convive mucho más allá de lo que da el aula, la vida, la comida, los momentos buenos y malos, las alegrías y también incluso pues el sufrimiento; una ocasión pastoral inmejorable para vivir lo que otras veces queda en palabras.
En concreto, el Camino de Santiago me parece un ejercicio exigente, de superación personal, de esfuerzo, de aprender a dejar atrás las quejas, de madurar y además también la oportunidad de sentirse parte de algo más grande, de un montón de gente con inquietudes parecidas, una manera de ser Iglesia, de aprender de la historia, de la tradición, de la naturaleza, de un montón de oportunidades que da el propio Camino.
Este año 2025, en concreto, me ha parecido un grupo que partía de una situación bastante heterogénea, con distintas inquietudes y realidades de partida. Han sabido ir creando lazos, caminar juntos, confiar en la propuesta que les hacíamos, ir superándose, vencer las más dificultades y creo que ha sido muy agradable y un grupo bastante emotivo y satisfactorio.
Como punto de superación quedaría pendiente que tenían poca costumbre de hablar de temas profundos en las actividades y dinámicas; eso creo que hay que irlo trabajando más a lo largo del año, para otras veces.
El Camino para mí ha sido una experiencia muy bonita, muy agradable en la que hemos creado relaciones muy enriquecedoras. Sería bueno no dejarlas en experiencias aisladas, sino que durante el año también se vayan cultivando. Desde hacía bastante tiempo, hacer del Camino de Santiago, me rondaba la cabeza a modo de reto personal y momento de desconexión, por eso, cuando me lo propusieron desde el colegio no dudé en apuntarme. Profesores, que otros años lo habían hecho me lo habían recomendado, pero la verdad, no sabía cómo resultaría la experiencia ya que cada cual vive el camino a su manera. Si bien mis expectativas eran altas, no me esperaba el calado de todo lo vivido en esas jornadas, ni la huella que puede dejar en nosotros el Camino.
Entre los elementos que más positivamente valoraría están las personas. Por una parte, los Hermanos del Sagrado Corazón y profesores que con gran cariño, implicación y generosidad han organizado y participado en el Camino. Su vocación de servicio, preocupación por los jóvenes y fe en los valores corazonistas ha quedado patente todos estos días.
Por otra parte, estarían los alumnos y alumnas. Estos desde un primer momento, y pese a su heterogeneidad, han convergido y han hecho suyo el espíritu del peregrino. Han vivido la experiencia desde la humildad, el agradecimiento y las ganas de superación personal. Me parece especialmente reseñable la confianza depositada, por los alumnos y alumnas, en los responsables y su esfuerzo a la hora de participar en las dinámicas que se proponían.
Esas dinámicas, así como las etapas que recorrían los caminos de León y Galicia, han sido una herramienta muy útil a la hora de acercarnos a conocer a nuestros alumnos y tener el privilegio de escuchar sus reflexiones de primera mano. Reflexiones que quedarían opacadas con el trajín del curso y la falta de intimidad de dentro del aula.
Por el contrario, algo que he echado en falta, dentro del día a día de la experiencia del Camino, serían más momentos de evaluación con los monitores. Reuniones en los que poner en común las impresiones generadas por las dinámicas llevadas a cabo y reflexiones sobre cómo mejorarlas y darles continuidad durante el curso.
El camino no era para nada como me lo había esperado, todos los que me habían hablado sobre él lo hicieron con mucho cariño, y siempre repitiendo la misma frase «Lo repetiría». Hoy puedo decir que a pesar de las etapas duras, los momentos difíciles, el calor y los dolores, estoy de acuerdo con esta frase. Lo que hace que el camino sea corto, son las personas, las etapas largas y las cuestas agotadoras en compañía se sufrían menos. Durante el camino te unes mucho con tus compañeros, el tiempo que pasas con ellos y el sufrimiento hacen más cercanas las relaciones. Del camino he aprendido muchas cosas, entre ellas yo destacaría que hemos aprendido a adaptarnos a los cambios repentinos, y que no todo sale siempre como lo planeas.
Algo que hay que valorar y enfatizar del camino es la parte organizativa y de logística, en este caso los hermanos que se encargan de nuestra alimentación y tener a punto todo. Desde preparar el desayuno un rato antes de que nos levantemos el resto, hacer las compras, llevarnos el almuerzo al punto de encuentro. A veces tener que retroceder para buscar alguno que tiene problemas, preparar la comida y la cena. Cuando es necesario llevar a alguien al centro de salud cercano. Una tarea que a pasa desapercibida hasta que un día falta algo o no sale del todo bien. Un reconocimiento para los hermanos Javier y Tomás que tan bien nos han cuidado estos días e Camino.











